martes, 3 de febrero de 2009

Artículo: la separación en los animales

Los animales muestran una serie de síntomas de
ansiedad por separación que nos debería ayudar a detectar el problema y tratar de aplicar una solución. Muchas personas continúan pensando que los animales no sufren como nosotros el abandono o separación.


¿Qué es la ansiedad por separación?

Cuando un ser vivo, en este caso un perro, ha padecido destete prematuro (separación de la madre y de los hermanos a edad demasiado temprana), cambios de dueño o cualquier otra situación en la que se haya sentido abandonado, guarda dentro de sí el miedo a la carencia, pues sabe que puede perder en cualquier momento lo que más necesita (comida, el afecto de una familia que de verdad le quiera, etc.). Esto provoca que viva con profunda angustia las situaciones de pérdida, en especial que el dueño se marche de casa, aunque sea por breve espacio de tiempo. El animal desarrolla una profunda dependencia, que puedemostrarse a través de varios síntomas:



  • Desde los más sutiles (por ejemplo, el perro no come ni bebe si el
    dueño no está delante pero muestra ansiedad por la comida cuando está
    acompañado).
  • Hasta los síntomas más graves (destrozos, ladridos y/o pipís y
    cacas cuando está solo y, en casos extremos, autolesiones). A este
    problema de adicción a la compañía del dueño le llamamos ansiedad por
    separación.


¿Qué siente el perro tras la separación?



Hay que recordar que el perro, al igual que el ser humano, es un animal de manada. En la mayoría de razas la forma ha cambiado mucho respecto a la del lobo, pero su psicología es prácticamente la misma que la de su antecesor. Y una manada de lobos raramente deja aislado a uno de sus miembros. En el caso del perro doméstico, los dueños son su manada. El animal es incapaz de entender que su manada le aísle.
Entendemos por aislamiento el hecho no sólo de que los dueños salgan de casa sino, por ejemplo, el tenerle apartado en el jardín o en alguna habitación, lo cual supone un cruel castigo para el animal. El perro
siente cada salida diaria de su amo como un abandono. Si el animal sufrió en el pasado alguna experiencia de abandono, en el momento en que su dueño sale por la puerta revive, literalmente, la sensación de
pérdida que formó parte de su trauma. Este fenómeno sucede porque los perros tienen memoria asociativa.



Esto significa que no pueden recordar un hecho pasado (su memoria inmediata se reduce a unos 3 segundos), a no ser que se produzca alguna situación en el presente que el animal asocie al hecho pasado, momento en el que lo recordará. Por ejemplo, un perro al que le hayan pegado con un palo puede reaccionar defendiéndose cada vez que su dueña actual, que le quiere con locura y que nunca le ha puesto la mano
encima, saca la escoba para barrer. Esto explica que el perro que se queda solo en casa no sepa que su dueño volverá hasta que no lo huele u oye el motor de su coche, la llave en la cerradura o cualquier otra señal que el animal asocie a su llegada. Mientras tanto, sólo vive la ausencia.



Síntomas claves para saber que el animal está sufriendo angustia por la separación



Hasta en los casos leves de ansiedad por separación, el animal no come, bebe ni juega estando solo, ya que uno de los primeros síntomas de cualquier dependencia es la pérdida de interés por todo lo que no sea el objeto de adicción, ya que la dependencia tiene mucho de obsesión. Además de la tristeza que esta obsesión le provoca, el animal siente ansiedad (miedo a la soledad y al hecho de no saber qué pasará).
Esa angustia, sobretodo si va acompañada de nervios, es la que causa que el perro se desahogue destrozando (como válvula de escape) o ladrando (los ladridos le calman porque le agotan, a la vez que intenta contactar con alguien que responda a sus llamadas, por ejemplo otro perro).



Cuando el dueño está presente, el perro con ansiedad por separación suele tratar de llamar la atención de forma más o menos insistente. En los casos graves, el perro destroza o roba objetos, orina, etc. delante
de su dueño, como forma de chantaje emocional. Es tanta la necesidad que siente de obtener su atención que prefiere que le riñan, castiguen o incluso que le peguen antes que ser ignorado. Sin embargo, todos los extremos son malos. Aunque la continua exigencia de atención sea patológica, si su perro ni siquiera sale a recibirle cuando llega Vd. a casa habría que sospechar culpa-resentimiento o bien tristeza.



Pueden mostrarse celosos o posesivos



El perro dependiente también puede mostrarse posesivo e incluso celoso, tratando como enemigo a cualquier persona o animal que se acerque a su adorado dueño. Otro síntoma de posesividad es el hecho de
que el perro monte a su amo o a otros miembros de la familia. Según mi experiencia, esta conducta no tiene nada que ver con la hiperactividad sexual o la dominancia, ya que siempre que la he observado ha sido en
perros con problemas de dependencia. Asimismo, los embarazos psicológicos se dan en perras posesivas con su dueño, aunque pueden o no haber desarrollado otros síntomas de ansiedad por separación.



Sabido es que en la naturaleza cualquier desequilibrio tiende a corregirse automáticamente. La psicología no es una excepción a esta regla, y eso da lugar a los llamados procesos compensatorios (emociones
opuestas, que se anulan mutuamente).

Así, en bastantes casos de ansiedad por separación el perro siente ira, cuya finalidad es compensar tres emociones:




  • El miedo: es decir, la sensación de vulnerabilidad que su adicción le produce. El animal se siente a merced de su dueño, siente su dependencia hacia él, y eso le genera deseos de dominar al objeto de su adicción y compensar así su sentimiento de impotencia.

  • La frustración: es decir, la decepción que sentimos cuando las cosas no salen como queremos, cuando la realidad no se ajusta a nuestros deseos. Las ausencias del dueño, sobretodo cuando son fuera de horario y el perro no se las espera, le producen frustración.

  • La culpa: el perro suele sentirse castigado porque está sufriendo. Este sentimiento de culpa aumenta si
    reñimos al animal al llegar a casa, al ver que ha orinado o destrozado algo. Esto nunca debe hacerse, entre otras cosas porque el animal sabe que su dueño está enfadado pero no sabe por qué (recordemos lo de la memoria asociativa).


Maneras que tiene el animal de mostrar la ira




  • Ira "en caliente": es decir, una actitud de rebeldía. Debido a la ansiedad acumulada, el animal muestra mal genio cuando le hacen según qué cosas (por ejemplo marca o incluso muerde con fuerza a su dueño si le cogen del collar para impedirle hacer algo que quiere).

  • Ira "en frío": a la que llamamos rencor, y que está causada por la culpa. Se da en perros sobre los que se ha ejercido un exceso de autoridad, que han sido castigados en exceso o injustamente, y que no han entendido porqué se les castigaba. Desgraciadamente, esto es una práctica usual en casos de ansiedad por separación. El dueño vuelve a casa, encuentra pipís o destrozos y riñe al animal, pensando que éste le entiende simplemente porque se muestra culpable. Si el perro se rebela ante este castigo injusto, suele ser castigado aún con más dureza. Aprende entonces a reprimir su ira, pero dicha represión no hace sino aumentar su sentimiento de rabia. En estos casos, puede adoptar una actitud más típica en principio de animales como el gato o el camello, y va guardando ira dentro de sí. Ante su dueño desarrolla una “máscara” que oculta sus verdaderos sentimientos, y se muestra cariñoso y sumiso en extremo (actitudes causadas por la culpa que siente). Luego, cuando el dueño se ausenta, deja escapar la rabia acumulada, haciendo algo que sepa que enfurece a su amo de forma especial (por ejemplo orinar sobre la cama o sobre el sofá, o destrozar los objetos que tengan su olor).


También puede desahogarse con conductas de agresividad hacia el dueño o hacia otros perros, en ocasiones a través de mordiscos "traicioneros", sin ningún aviso. Esta acumulación especial de ira (el
rencor) no tendrá lugar si al animal se le educa de forma coherente, con métodos de castigo adecuados (que el perro entienda), bien aplicados y no violentos (ni física ni psicológicamente). Estos métodos, junto con una obediencia básica con correa y las respectivas terapias naturales para equilibrar las emociones del perro y ayudarle a superar la dependencia, son los elementos que constituyen el Adiestramiento Emocional.



¿Cómo se comporta un perro que no tiene ansiedad por separación?



El perro sin problemas de dependencia duerme relajadamente mientras está solo e incluso, come, bebe y juega con normalidad mientras su dueño está ausente. Cuando el dueño llega, se levanta para recibirle con serenidad (sin dar excesivas muestras de contento), y mientras está con él en casa no le exige atención. Así que no se ofenda si su perro no se vuelve medio loco de contento cuando Vd. regresa. Si el animal está bien físicamente y es un perro sociable, contra menos muestras de alegría dé a la hora de saludarle mejor, pues más cerca estará de mantener una relación sana con Vd.



Demuéstrele verdadero amor alegrándose de que no sufra durante su ausencia. Recuerde que la dependencia no tiene nada que ver con el amor. Si dependemos de alguien le necesitamos, por lo que no podemos
escoger libremente estar en su compañía o no. Si dependemos no tenemos elección, pues la obsesión impide que haya verdadero amor en la relación.





jueves, 27 de noviembre de 2008

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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Inteligencia

A mediados del siglo pasado los psicólogos conductistas dominaban los estudios con animales en el laboratorio. Aunque sus trabajos fueron muy importantes para la implantación del método científico en la psicología y sentaron algunas de las bases actuales de la conducta, lamentablemente sus concepciones acerca del funcionamiento del cerebro no eran muy acertadas, sobre todo en lo que se refiere a la existencia de la mente. Consideraban que los animales carecían de ella y que se comportaban como meros autómatas. Sin embargo, unas décadas antes Darwin ya había sostenido que el cerebro de los humanos era un producto del proceso evolutivo y que, por tanto, muchas de las capacidades que poseemos se aprecian ya en otros animales. Como dijo Jacob, la evolución es un proceso de bricolaje en el que se van sumando piezas a lo ya construido.

Con el paso de los años se vio que los conductistas estaban equivocados en sus concepciones acerca del cerebro. Ya se conocían algunos casos de inteligencia animal, pero a mediados del siglo pasado comenzaron a estudiarse de forma más sistemática. Desde entonces son famosos los casos de primates, como Kanzi o Washoe, que consiguieron comunicarse a través del lenguaje de signos, cuervos o primates que son capaces de emplear herramientas para conseguir comida, chimpancés capaces de emplear palos y lanzas para cazar, primates o ratas que poseen el concepto de número (algunos incluso llegan a sumar pequeñas cantidades), ovejas capaces de recordar caras tanto de otras ovejas como de humanos por un largo período de tiempo (hasta dos años), o pulpos capaces de aprender por simple observación.

Estos ejemplos suelen ser buenos para apoyar la teoría evolutiva. Es, en parte, lo que toma como base para sus estudios la psicología evolucionista. Su tesis es la siguiente: dado que el cerebro es un producto evolutivo y que la mente no es más que el cerebro en funcionamiento, la mayoría de las capacidades cognitivas que poseemos los humanos no son más que herencias de un pasado evolutivo. Basándose en esta tesis se han propuesto ideas muy interesantes y, en mi opinión, muy plausibles acerca de la moralidad, el arte, o el altruismo. Por tanto, descubrir que los animales son inteligentes y que comparten muchos rasgos de inteligencia con nosotros es un buen paso para aceptar la teoría evolutiva, aunque, por supuesto, no es un argumento definitivo.

El problema al evaluar la inteligencia de los animales suele residir en diseñar los experimentos correctamente. Existen muchas variables que para nosotros pueden pasar desapercibidas y que, sin embargo, el animal puede percibir perfectamente. Ahí van un par de ejemplos:

-Posiblemente el caso más famoso en este sentido es el del caballo Hans el Listo, que era un caballo alemán que podía, según su dueño, contar, sumar y contestar a cuestiones de toda índole, incluidas las de temática política. Efectivamente parecía que el caballo tenía una capacidad extraordinaria para realizar cálculos matemáticos. Se le planteaba el problema y el caballo comenzaba a golpear el suelo hasta que alcanzaba el resultado correcto, recibiendo su correspondiente recompensa. ¿Cuándo se descubrió que Hans no tenía tal capacidad? Cuando se le impidió ver las caras de aquellos que estaban presenciando las pruebas. Hans el Listo era listo pero no porque supiese realizar operaciones aritméticas sino porque era capaz de advertir gestos inconscientes de las personas que presenciaban sus pruebas. Cuando golpeaba repetidamente el suelo había un momento (cuando había alcanzado el resultado esperado) que las caras de los allí presentes se relajaban o mostraban algún gesto diferente y esas pistas eran aprovechadas por Hans para dar con la solución. Al problema planteado

-Otro caso no tan famoso pero también muy elocuente fue el de unos monos capuchinos a los que se les realizó una prueba de categorización. Se expuso a los monos a dos tipos de diapositivas, unas que contenían personas y otras “no personas”. Los monos sólo tenían que pulsar el botón adecuado y si acertaban recibían una recompensa. Después, cuando ya habían entrenado suficiente se pasaba a los monos diapositivas de personas y “no personas” completamente nuevas, para ver si habían sido capaces de crear esas dos categorías. Los resultados iniciales fueron muy prometedores, con un 75% de acierto en las diapositivas nuevas. Pero los investigadores no se conformaron con ese resultado y estudiaron a fondo las diapositivas por si hubiese alguna pista que ellos no detectaban pero los monos sí, del mismo modo que había ocurrido con Hans el Listo. Para ello, analizaron el nivel medio de brillo y los objetos que aparecían en el fondo de las diapositivas. Finalmente lo que descubrieron fue que una proporción significativa de diapositivas categorizadas incorrectamente por los monos como pertenecientes a “persona” tenían una mancha roja en algún lugar de la imagen. De esas diapositivas que realmente eran de “no persona”, las que se identificaban con mayor probabilidad como persona tenían una mancha roja como característica de un animal o una flor. Por tanto, los monos no parecían utilizar las categorías de los experimentadores en absoluto; si acaso, categorizaban las imágenes usando criterios muy diferentes de los que los seres humanos que habían diseñado la prueba habían imaginado.







martes, 25 de noviembre de 2008

Emociones

Las emociones están compuestas por cuatro aspectos: Uno Subjetivo, tiene que ver con los procesos cognitivos y dan lugar a los sentimientos; el Biológico, que tiene una función evolutiva; el Fisiológico donde el principal involucrado es el sistema nervioso autónomo y las hormonas; y el componente Social que tiene un aspecto funcional, es decir el del propósito y un aspecto expresivo, que es el conductual.
Las emociones tienen un origen a nivel de sistema nervioso central (SNC), que no podrán entenderse en su totalidad si no se toma en consideración los aspectos fisiológicos que las controlan y las desencadenan1, su función biológica, la neuroquímica, y las conexiones neurales involucradas en su activación a nivel de SNC. Por lo tanto el estado emocional de un individuo es el resultado de la interacción entre la actividad fisiológica y la evaluación cognitiva de la situación. Las cogniciones emocionales determinan el tipo de emoción que se tienen, mientras que la actividad determina la intensidad1.
Lo presentado anteriormente no sólo aplica para los seres humanos ya que las investigaciones del desarrollo evolutivo del sistema nervioso diseñadas para entender la fisiología a nivel de SNC, los estudios farmacológicos y quirúrgicos se han hecho por medio de estudios comparado de los sistemas nerviosos de animales de distintos tipos o phylums contra la de los humanos, y esto ha sido posible a que se acepta la tesis de la “continuidad evolutiva”. La genética y las ciencias morfológicas han demostrado que existe una continuidad filogenética entre todas las especies de vertebrados, incluyendo la nuestra; así que existen similitudes funcionales entre nuestros órganos y los del resto de los animales del subphylum vertebrata al que pertenecemos. Y si existen similitudes entre nuestras funciones biológicas y fisiológicas, ¿por qué no suponer que existen similitudes entre humanos y animales de tipo cognoscitivas, de conciencia y por lo tanto de emociones?

Psicología animal

Estrechamente relacionada con la psicología comparada, la psicología animal es el estudio del comportamiento de los animales. Esta disciplina psicológica aparece como consecuencia del punto de vista evolucionista pues éste sugiere que no sólo existe una continuidad en los rasgos físicos de todos los animales sino también en sus capacidades psicológicas y en su conducta. Se inicia con la obra de Darwin "Expresión de las emociones en el hombre y los animales". Las primeras investigaciones de psicología animal se hicieron en términos mentalistas, fueron poco rigurosas y dieron lugar a interpretaciones antropomórficas; así, John. Romanes (1848-1894), darwiniano ortodoxo, quiso buscar las facultades mentales del hombre en los animales. Lloyd Morgan (1852-1936) supuso un avance en la investigación objetiva de la conducta animal, y presentó una ley que determinó el desarrollo de la psicología posterior y la superación del antropomorfismo, la ley de la parsimonia o parquedad: el psicólogo debe intentar explicar una acción a partir de una facultad psíquica inferior antes que de una superior (por ejemplo, si podemos explicar una acción a partir de los procesos de condicionamiento, hagámoslo, y no nos refiramos a una supuesta inteligencia del animal).
Con E. L. Thorndike (1874-1949) y los funcionalistas proliferaron extraordinariamente los laboratorios dedicados al estudio de la conducta animal, aunque aún desde una perspectiva mentalista. El propio J. B. Watson (fundador del conductismo) dedicó sus primeras investigaciones al aprendizaje animal, pero en los términos mentalistas del funcionalismo. Pero a partir de 1904 Watson propone una psicología sin introspección y no mentalista, lo que llevará a la psicología animal en una dirección totalmente nueva, objetiva, y centrada en el análisis del aprendizaje en los términos del condicionamiento.
La etología ha mostrado las limitaciones del enfoque conductista en la comprensión de la conducta animal pues dicho enfoque descuidó los determinantes filogenéticos del condicionamiento y restringió la investigación a las situaciones artificiales de la experimentación en laboratorio.
Dada la connotación mentalista que tiene la denominación "psicología animal" como consecuencia de sus orígenes, muchos autores prefieren otras títulos para referirse al estudio de la conducta animal: biología del comportamiento, fisiología del comportamiento, psicobiología...